martes, 28 de julio de 2015

2: 40 am.



Jamás me sentí tan bien observándote desde lejos, callada a tan sólo unos metros de tu sombra. Jamás noté lo misterioso que luces con los brazos cruzados y una sonrisa en los labios. Jamás fui testigo de la longitud tan perfecta de tu espalda a pesar de las tantas veces que reposé ahí. Jamás te vi sin mí.

Me siento como una infiltrada entre la gente, dándole vueltas al vaso de café que se terminó hace ya mucho rato, mientras aún te miro a lo lejos y tus ojos pequeños me atrapan sin querer, y un recuerdo invade mi mente, y me doy cuenta que en los ojos que me encontré, hoy no existo.

Jamás me sentí tan triste observándote desde lejos, ahogada en lágrimas a sólo unos metros de tu sombra. Jamás noté que en tus ojos se refleja otra mirada y crea sonrisas en tus labios. Jamás fui testigo de que encajas perfectamente en otros brazos, brazos que miden la longitud de tu espalda. Jamás te vi tan feliz.

lunes, 16 de febrero de 2015

A la chica que enfrió mi café.

A la chica del atuendo negro como mi café recién comprado, de largos dedos blancos y mejillas rosadas; que me miró con displicencia y en sus ojos verdes explotaron miles de estrellas.
En sus ojos verdes también se explotó mi atmósfera, y si fuese posible podría jurar que El Sol vestía su cabello, claro como un amanecer, e igual de hermoso; como un campo de trigo florecido.
Su timidez iluminaba su belleza, con torpes manos y cabeza baja, mas no me miraba y no podía imitarla.
Así que la vi, se movía con actitud, balanceando su trasero con delicadeza y sus largas piernas tenían un plano aparte en mis ojos. Ella seguía sin mirarme, pero yo no podía imitarla.
Así que la seguí hasta que se detuvo, y puedo dar mi vida a que también se detuvo mi corazón, y antes pensaba que no había nada más hermoso que un clavel,; fue entonces cuando pude observar su rostro pálido y sus labios como pétalos frescos, y me sentí pequeño como la arruga que se le formó en la frente al ver un libro en una vitrina.
Y ella seguía sin mirarme, y yo seguía sin poder imitarla.
Ella llegó a la salida y cuando se abrieron las puertas del CC noté que se había enfriado mi café; fue entonces cuando dirigí mi mirada hacia ella, y dos enormes ojos verdes me miraban y sus labios frescos me sonreían, y puedo dar mi tiempo a que era un cuarto creciente de Luna; y esta vez mi atmósfera regresó a tomar el aire que exhalé.

Y ella dejó de verme, y volvió a bajar su cabeza, y retornó hacia su destino; y esta vez la imité y regresé a buscar otro café… y cuando la vi irse, sus largas piernas tenían todo el plano en mis ojos; y si fuese posible podría jurar que el Sol vestía su cabello.

domingo, 1 de febrero de 2015

Aprendí a vivir.





Me cansé de las cartas que dicen de todo, pero no significan nada; y de las dedicatorias que se olvidan antes de terminarlas. Aprendí que “alguien” no hace especial las rosas o las estrellas, sino que es su naturaleza y merecen ser admiradas. Me di cuenta que las canciones románticas y los momentos tristes tienen mucho que enseñarnos y que no hay nada mejor que observar cómo bailan las hojas de los árboles por el viento o cómo al irse el sol se pinta un lienzo de naranjas y azules en el cielo. Aprendí que aunque no le llores a la luna ella aún estará ahí arriba, y que con una sonrisa en los labios se verá brillante como siempre. No es una pérdida de tiempo encontrar figuras en las nubes, ni contar las estrellas; ni ver cómo las luciérnagas se prenden y apagan apareciendo en lugares diferentes; si no que nos ayudan a entender que la felicidad, o bien la tristeza, se pueden apreciar en los detalles que siempre nos acompañan, y que sólo tenemos que detenernos a observar su belleza.

Aprendí que no hay que enamorarse para ser feliz, ni sufrir para valorar las cosas (esto último me costó un poco más) si no que podemos encontrar un poco de felicidad en todas partes, sabiendo ver que las cosas malas pasarán. Así que decidí enamorarme de la vida, y de todo lo que veo y me inspira amor; porque el mundo no se detiene sólo para secar tus lágrimas o ver la curva de tu sonrisa o ese brillo en tus ojos, así que es mejor hacerse parte de las cosas, considerarse un detalle más de la vida que pasará, y vivir.

sábado, 19 de julio de 2014

Pero no pasa nada.

El sonido de los grillos y la luz tenue del bombillo crean la burbuja que me envuelve y no puedo, por más que anhele, explotarla. Estoy, entre esperanzas, llenándome de sueños vacíos y de realidad que hace picar mi piel. Floto sobre la felicidad y me es imposible, por más que lo intento, tocarla. La tristeza da saludos que no cesan, y alzo mi mirada aguada hacia el cielo. Pero no pasa nada.
Cierro mis ojos y me siento pesada en euforia, las espinas de mi respiración explota la burbuja. Voy cayendo como pluma buscando, en vano, alguna luz para aferrarme a ella, pero tropiezo inmediatamente con mis miedos, que me envuelven entre pensamientos en una cúpula oscura como la noche. Y en segundos me encuentro envuelta sobre mi misma en la frialdad de mi cama, donde la soledad toca Sonatas a la luz de la Luna; y la melodía es extraña, pero calma.


Y pasa de todo, pero no pasa nada.

viernes, 13 de junio de 2014

Quisiera escribir de ti.

Quisiera escribir de ti, de la persona que alegra el funeral de mi vida, decir lo que dibujas quisiera yo. Es que sin ser pintor sabes usar colores que al deslizarlos por mi rostro nacen sonrisas, y permanecen si así lo quieres, y se van, y vuelven, y jamás se vencen, jamás se agota su intenso brillo. Quisiera escribir de ti y de cuando me conviertes en marinera con sólo mirar la profundidad de tus ojos, y es que ese azul agita mis olas y me hace naufragar en un rubor espontáneo.
Quisiera escribir de ti y de tus manos grandes y amoldeables a las mías, con tus dedos tan largos como papas fritas, esos dedos que siempre saben donde descansar. Yo escribiría de ti cariño, si el tiempo no se agotara tan fácilmente cuando juntos estamos, si la lluvia permaneciera dormida cuando caminamos por la calle, si tus besos fueran infinitos...
Quisiera escribir de ti, de ti cuando estás conmigo, de ti cuando disfrutas el Sol o el viento que acaricie tu rostro, de ti sin besar las mentiras, de ti abrazando la libertad, de ti quitándote los miedos del cuello, de ti riendo tan fuerte haciendo que el ruido grite en silencio.
Quisiera escribir de ti, y de la confianza con que paseas por la vida, de la armonía y paciencia de cada paso hacia el futuro, de las palabras correctas y tus consuelos, en los momentos correctos. Escribiría de tus cejas levantadas como si fuesen a entonar un himno y de tus piernas tan delgadas y largas que no riman con tu espalda.
Quisiera escribir de ti, y de lo que en verdad eres, de lo que amas y disfrutas. Quisiera escribir de ti, y de lo mucho que me encanta y detallo lo que eres. 




Cariño, quisiera escribir de ti.

jueves, 22 de mayo de 2014

Y te extraño.

Junto suspiros formando una escalera, que me llevan directamente a donde tú estás.
Mi atmósfera es tangible sin tu aire; y mi suelo es mitad nube y mitad mar.
Tengo mis brazos en espera de tu piel, y mis labios sólo decoran mi rostro.
Te extraño.
Tengo besos que no entran en la caja de cristal que es tu ausencia.
Tengo abrazos que no llenan el vacío de la soledad.
Tengo el olor de aquel café que nos tomamos junto a la ventana atrapado en mi nariz.
Siento un enorme espacio entre los dedos de mis manos.
Te extraño.
Y no siento el frío, y me es ajeno el calor.
Y es el Sol sólo la luz del día, y es la Luna sólo un faro nocturno.
Y es costumbre respirar.
Mis ojos cuelan tu mirada y repasan cada línea de tus labios.
Mi mente separa tu último recuerdo en cápsulas diarias, para evitar el dolor.
Te extraño.
Dibujo tu cuerpo exacto en la sombra del Sol, soplo el olvido hacia lo desconocido, me acurruco en el regazo del hastío y tu nombre es el himno de mi voz.
Te extraño.
Y el tiempo hace competencia con la lentitud,
y mis sueños son hipérbole de la realidad,
y el futuro que era esperanza, es pasado en segundos,
y el esperar de el tiempo se hace cobarde.



Y te extraño.